Verdad, justicia y liberación, los pilares de la paz

Del 24 al 26 de septiembre se celebró en Bogotá el II Congreso Internacional Edificar la Paz en el Siglo XXI, promovido por la  Fundación Carta de la Paz dirigida a la ONU y la Universidad de La Salle, en el cual ACPO tuvo la oportunidad de participar.

De todos los momentos importantes que tuvo el evento, merece la pena resaltar la conferencia impartida por el profesor Francesc Torralba, denominada Pilares para la edificación de la paz.

En síntesis, lo que se planteaba en aquella conferencia es que la construcción de la paz requiere de tres momentos o procesos fundamentales, a saber:

1.  Administrar la memoria histórica. Esto es, el compromiso de conocer qué fue exactamente lo que acaeció en ese momento fatídico en el que la persona es víctima de las acciones del victimario. La administración de la memoria implica saber qué pasó, describir en su cruda realidad el mal sufrido por la víctima. Implica también escuchar todas las voces, sin excluir ninguna. La administración de la memoria histórica nos permite proyectar el futuro con alguna garantía de éxito. Nos ayuda a evitar que se repita la barbarie.

2. Administrar la justicia. No se trata de ajustar cuentas ni mucho menos un ajuste de cuentas. Se trata de edificar sobre la comunidad del diálogo y con base en lo que aconteció un marco donde la víctima perciba que las cosas no se quedaron así, sin más. La práctica de la justicia implica despojarnos de los prejuicios y de los intereses particulares.

3. Administrar el resentimiento. El resentimiento es una patología, una praxis tóxica, una pasión involuntaria que no nos permite avanzar en el camino hacia la paz. El resentimiento tiene su origen en cuatro situaciones: 1) los agravios comparativos, 2) la agresión sufrida; 3) el complejo de inferioridad y, 4) los resentimientos históricos. Para superar el resentimiento hay que reconocer el absurdo de fundamentarlo en la historia (la generación de hoy no tiene la culpa del mal provocado por las generaciones anteriores). Es necesario reconocer el valor de cada persona, su unicidad, sus potencialidades.

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Estos tres momentos, pilares de la paz, llevan a la reconciliación, al abrazo del victimario y la víctima, siempre que el primero viva de verdad el arrepentimiento, y el segundo, sea capaz de dar el perdón.

El arrepentimiento y el perdón requieren de tiempo, y no son necesariamente actos simultáneos o sucesivos.

Después viene la necesidad de reparar, de resarcir, de reconstruir el mal que hubo en el pasado.